Somos un grupo de amigos o algo así, que nos conocimos, algunos en el primario, otros en el secundario. Y ahí estamos, tratando de crecer y no de sentar cabeza (a veces, cuando se puede)

Wednesday, July 21, 2010

Sierra de la Ventana

Promoción 71 quiere hacer expreso su agradecimiento al paleontólogo y espeleólogo egipcio Lamed El Sogan, quien desinteresadamente nos permitió la publicación del siguiente hallazgo documental, fruto de su última expedición a unas cuevas próximas al Mar Caspio, en donde encontró una serie de rollos de papiro en uno de los cuales se encontraba el texto que se transcribe.

Jueves 8/11/07, 5,30 hs. am todos puntuales en lo de Charly. Esta vez la comitiva integrada por Charly, Gus, Jesús, Albert, Gabriel, Pablo, el Tarro, Hugo y Cacho.

Una semana antes Charly había comprado las provisiones a efectos de contar con el tiempo suficiente para todos los ensayos de estiba y embalaje propios de una travesía de esta naturaleza, pero siempre algún detallecito se escapa y los ajustes finales fueron efectuados a último momento.

La caravana partió hacia Sierra de a Ventana con un camuflaje digno de los boinas verdes, al solo efecto de no dejar ningún rastro de nuestro destino para desorientar a Uds. saben bien quien.

Saladillo fue el lugar seleccionado para nuestro primer pit stop. Luego del desayuno Hugo aprovechó para higienizar el motor de su auto, barnizar el interior del caño de escape, encerar la parte interna de las cubiertas y aspirar el piso del auto, lavar las alfombras de goma que van sobre el piso del auto, cambiar el papel que va sobre las alfombras de goma que van sobre el piso del auto y sacudir los trapos que van sobre los papeles que van sobre las alfombras de goma que van sobre el piso de su auto. Que ignominia, que atropello a la razón, a donde van a parar nuestros impuestos, cómo es que no se pasa una aspiradora a los campos, como no se lavan las rutas que generan ese deleznable polvillo que tanto afecta a nuestros vehículos, porqué existe el sol mientras se viaja?

En Olavarría, un Albert distendido y relajado celular en mano enviaba nuevamente a The Folders los mismos archivos que la tarde anterior cuidadosamente había entregado a su responsable (que osadía alejarse de la empresa 4 hs).

Y así fue como arribamos a nuestro lugar de destino, el que nos recibió con un sol radiante y el mejor clima posible para esta época del año. Qué raro, qué sospechoso no?

Que sea simple y sencillo es nuestro lema insignia y el que nos ha ayudado y favorecido en momentos de debate y toma de decisiones. Y fue así que tan sólo en 6 horas, almuerzo incluido, pudimos hacer la distribución de casas y camas.

Hablando del almuerzo, nos decidimos por una parrilla del lugar porque algunos venían con un poco de hambre atrasado. Parrillada completa, provoletas, papas fritas, ensaladas, más carne, postres, etc, anticipaban una tarde agitada; la siesta no se hizo esperar.

Exultante y pletórico de gozo y felicidad se lo veía a Gus, a quien el azar había favorecido con la bendición de compartir habitación con el Tarro, que por las noches ronca, es alérgico, padece de comezón y la evacuación de gases nocturnos es lo que le permite equilibrar su metabolismo luego de una lenta digestión.

Por la tarde llegó el momento de algunas prácticas deportivas, mereciendo destacarse lo de Charly, quien con el objetivo de bajar ese par de kilitos que tiene de más decidió iniciarse en la práctica del golf. Y quién si no el zurdito golfer sería su maestro y tutor en estos primeros pasos. Haciendo gala de sus talentos pedagógicos en tan solo 10 minutos transmitió a Charly los conocimientos que una mente como la de Albert Einstein hubiera tardado 30 años en asimilar. Tan entusiasmado estaba Charly y tan claras tenía las instrucciones de su maestro que ni bien finalizó la clase partió rumbo al pueblo a comprar una escafandra y un par de patas de rana a efectos de contar con los elementos necesarios para tomar su segunda lección.

Algunos optaron por aprovechar el sol y calorcito (ojo con esto…ojo) e incluso como el caso de Gus, Dergas y Cacho, remojaron sus humanidades en la pileta climatizada…a 10 grados, poniendo a prueba la resistencia de sus corazones.

Encabezados por el Pai otro grupo se dirigió al arroyo Hirigoyen que figuraba como lugar de atracción dentro del predio en el mapa que le habían suministrado a nuestro poryect leader. Luego de una intensa búsqueda arribaron a la conclusión de que el hilito de agua que corría a sus pies, similar al hilito que corre por un bidet cuando se deja una canilla mínimamente abierta, era el mencionado arroyo.

Y así llego la primera noche, hermosa y estrellada (qué raro no?), y nosotros, embebidos de entusiasmo, nos dimos al debate a efectos de definir horario de desayuno y posterior escalada de la Sierra de la Ventana, obviamente asesorados por Charly quien desde los 10 años había recorrido la zona y conocía cada metro cuadrado como la palma de su mano. Desde luego no llegamos a nada. Desayuno a las 7 y media? Desayuno a las 8 y media? Bajamos y subimos? Subimos solamente? Cuánto tardaremos? Dónde comemos?

La cena consistió en una variedad de pizzas (excepto el converso quien optó por una frugal ensalada) y les fue encomendado a Gus, Jesús, Cacho y Hugo hace la compra pertinente. Demoraron un poco más de lo previsto pues llevaban una misión secreta. Orar por lo menos durante 45 minutos.

Llegado el momento de tomar nuestro merecido descanso, partimos rumbo a nuestras habitaciones, habiendo presenciado un excelente cotejo de fútbol entre River y Arsenal.

En la casa 5, como dijimos el azar había reunido a Gus y al Tarro. Como para evitar incidentes, Gus partió primero y trató de dormir. A los 10 minutos de iniciar el reposo del guerrero Gus ya había huido de su cuarto y dormía plácidamente en el living como consecuencia de los estornudos, toses, ruidos, ahogos y demás yerbas que la alergia había provocado en el Tarro. “La culpa la tiene el Glade” vociferaba el pampeano. Y así llegamos al fin del primer día, no sin antes dejar preparado el equipo necesario para encarar la aventura del día siguiente.

Un pequeño detalle fue omitido y eso dio por tierra con nuestro proyecto. Olvidamos acondicionar los botes , chalecos salvavidas y pararrayos para afrontar las inclemencias climáticas que nos esperaban en el periplo.

Sucedió que el día de nuestro arribo (soleado y primaveral) utilizamos todos los ardides a nuestro alcance para pasar desapercibidos y que nadie nos reconociera, o mejor dicho “lo reconociera”, pero el hombre fue identificado y a partir de allí las consecuencias previsibles se tornaron realidad.

El día Viernes amaneció nublado, tormentoso, frío, con una torrencial lluvia y unos vientos que hacían volar las mesas y sillas ubicadas en los decks de cada una de nuestras casas. Si bien no fue una sorpresa no por ello dejamos de mirar con cierto recelo a Uds. saben quien. Desde luego el menú de catástrofes incluyó un apagón de luz generalizado en la zona, novedad que habíamos incluido en nuestra excursión a Merlo.

Nuestra capacidad de adaptación a los cambios abruptos hizo que de inmediato elaboráramos un plan alternativo, partiendo a hacer un tour por esta joya del macizo de la Ventania.

Pese a la insistencia del Tarro, cargosa por momentos en cuanto a poner su auto a nuestra disposición, preferimos que hiciera un acopio de su desmesurada generosidad para ser utilizada en otro momento. Así fue que abordaron el auto de Hugo Jesús, el Tarro y Cacho y el auto de Alberto Charly, Pablo, Gus y Gabriel.

Iniciamos el recorrido con una detención en la YMCA, propuesta por Charly y aprobada sólo por él, a efectos de que realizara una sesión fotográfica de sí mismo por cuando de niño había estado en ese lugar con su padre. Luego de aguardarlo unos 45 minutos continuamos nuestro recorrido, pudiendo apreciar algunas joyas arquitectónicas como el puente del ferrocarril y la estación de tren, cuya originalidad consistía en ser exactamente iguales a los cientos de estaciones de trenes y puentes construidos por los ingleses hace 100 años, muchos de los cuales ya conocíamos y otros tantos se pueden apreciar a sólo 10 minutos de recorrido desde nuestros lugares de residencia.

Eso era solo el inicio. Nos quedaba por lo menos conocer la Sierra de la Ventana y Villa Ventana, según Hugo un paraíso terrenal sólo comparable con algún lugar de la Costa Azul Francesa.

Hacia allí partimos. El auto de Hugo fue transformado transitoriamente en una unidad de emergencias médicas, por cuanto el Tarro si llevábamos las ventanillas abiertas tenía alergia, si las cerrábamos padecía claustrofobia, si la música estaba alta tenía dolor de cabeza y si estaba baja se deprimía. El resto de los tripulantes pensó en el suicidio como alternativa para poner un manto de piedad a este padecimiento, pero el titular del vehículo, en un acto de heroísmo digno de aquellos que hicieron grande la patria, asumió la responsabilidad por lo que sucedía y decidió autoflajelarse sometiendo su joya a las exigencias que el barro, badenes y charcos imponían a su ya deteriorado vehículo. Quedaron é y el auto en un estado deplorable, y a ambos los espera una junta psiquiátrica a su regreso.

Respecto de la Sierra de la Ventana no logramos ni verla (tapada permanentemente por las nubes) por lo menos hasta hoy.

Con respecto a la Niza argentina (un conjunto de 20 casitas bonitas y arboleda similar a decenas de lugares del resto del país) embarrados hasta las bolas decidimos detenernos a tomar un café en la única confitería del poblado. Desde luego quien atendía no sabía como hacer funcionar a la máquina y fue así como encaramos el retorno a nuestro lugar de residencia.

Luego del almuerzo (milanesas de pollo, ensaladas y tartas varias) y haciendo estricto caso de lo aconsejan los médicos, el zurdito golfer decidió hacer un rato de footing bajo la lluvia y con una temperatura rondante en los 6 grados. A efectos de completar su show y deslumbrar a sus atónitos compañeros, decidió sumergirse en la piscina y realizar unos largos para completar su relajación. Tan extraña fue su actitud que los teros, entendiendo que se trataba de un ser extraño que podía atacar sus nidos, decidieron atacarlo mientras cruzaba el parque. Logró eludirlos a los revolcones y llego a la casa jurando nunca más hacer las pavadas que casi lo convierten en alimento para las aves.

Promediando la tarde Charly comenzó a preparar el fuego para cocinar el lechón aportado por el Tarro. Aproximadamente a las 22 hs. el porcino estaba en condiciones de ser manducado. Las plegarias de la misión secreta habían dado su resultado. Charly logró concluir su labor sin incendiar la parrilla, el deck, las mesas, las sillas y un par de pinos que estaban próximos a la casa. El proveedor del exquisito puerco y su asador recibieron su merecido aplauso.

A esa altura del partido Albert llevaba sacadas 5 fotos y contaba con filmaciones de minutos de duración.

Luego de la frugal cena partimos a tomar nuestro merecido descanso, alentados por una noche estrellada pero sin formular proyecto alguno para el día siguiente, por las dudas.

Amaneció el Sábado como corresponde, lluvia, viento y un frío de cagarse. El Pai propuso corrernos hasta un campo en donde se producían distintas especias y plantas aromáticas con el objetivo de realizar una investigación de mercado para un proyecto con visión a 10 años.

Allí algunos lograron adquirir algunas especias exóticas, como ser orégano, coliandro, laurel, etc. y alguna bolsita de lavanda las que sólo se consiguen en las 2.500 herboristerías que existen en la ciudad de Buenos Aires. En cuanto a la investigación de mercado la misma fue muy fructífera. Sólo a título de ejemplo podemos citar que se lograron violar algunos secretos muy bien resguardados, como ser que la diferencia entre una bolsa de orégano de ½ kilo y una de ¼ es el peso, o que los precios de venta de los productos son los que figuran en los papelitos que dicen $......

Amanecimos el Domingo espiando por el rabillo del ojo a través de las ventanas, pero el graznido de los zarapitos y garcetas nos anunciaba un día espléndido. Tomamos nuestro desayudo y luego de las elongaciones y ejercicios aeróbicos necesarios para el escalamiento (p. ej. evacuación de intestinos) partimos nuevamente hacia el macizo, previa despedida del Tarro quien partió rumbo a su Santa Rosa de residencia.

Arribamos al mirador de la sierra, y luego de un largo rato descubrimos que el ínfimo agujerito que se veía desde la ruta era el motivo de nuestro periplo de 4 días y 1.100.- kms.

Arracimados en torno a Charly libábamos insaciables el néctar de su sabiduría; la altura de la sierra, ancho y alto de la ventana, vistas desde el naciente y el poniente, ascenso por derecha y descenso por izquierda, etc. Coronó su magistral exposición respondiendo a la pregunta ¿ cuándo se habrá formado esto? con la precisión digna de un alquimista: “uufff hace un montón de años”.

Recorrimos los 200 metros que nos separaban del pie de la sierra y para nuestra decepción, gracias a Uds. saben quién, el acceso estaba inhabilitado. Nuestra decepción fue aún mayor al observar que las restricciones referidas a edad, peso, estado de salud, etc. para el escalamiento se encontraban en las antípodas de nuestras aptitudes físicas.

Nuevamente congregados entorno a Charly solicitamos nos elaborara una excursión alternativa, a lo que respondió que no conocía otra cosa para hacer. Para nuestro desasosiego eso implicaba sólo algo, no existía otro lugar para ver.

Imprevisiblemente Cacho preguntó que queríamos hacer. Chanzas, pullas, mofas y chascarrillos recayeron sobre el advenedizo, más allá de generarnos un cierto rencor por la falsa ilusión que nos estaba creando. Qué pretendía, cuales eran sus aviesas intenciones? Para dar por terminada con la grotesca farsa le pedimos que nos llevara a un río, que tuviera un dique y un cerro para escalar.

Síganmen no los voy a defraudar, dijo el osado farsante, y como apuntó para el lado del pueblo, no teniendo nada que perder lo seguimos.

A los 10 minutos nos encontrábamos en un río, con un dique y un cerro enfrente para escalar. Habiendo hecho cumbre, mientras nos embelecíamos con el paisaje que teníamos a nuestra vista alguien silbaba bajito y oteaba el horizonte haciéndose el distraído.

Finalizado el descenso algo nos llamó la atención. El cerro parecía más chico, como si le faltara algo. Efectivamente el Pai, maravillado por el lugar, se había chafado 1/3 de la ladera izquierda del cerro con la intención de agregarlo a su colección de piedras. El problema era el traslado. Nunca sabremos que argucia, soborno o amenaza utilizó para convencer a su socio, compadre y amigo para que la trasladara en su auto. Esto agregó un gado de deterioro más al ya desvalorizado vehículo de Hugo.

De regreso a Las Acacias, almorzamos, y al finalizar, guiados por Pablo reflexionamos sobre aquellos aspectos que nos unían y sobre los que nos desunían, tema sobre el cual no nos extendemos por cuanto ya todos cuentan con la información al respecto.

Por la tarde nos dimos a ver el encuentro entre Boca y Vélez, no sin antes calzarnos cada uno un anatómico Casi para tratar de atenuar los efectos que sobre nuestro bajo vientre produciría el mirar el partido con Hugo. Finalizó el primer tiempo y ganaba Boca 2-0, con dos goles de cabeza de Palermo, el que era marcado por un jugador de Vélez cuya elasticidad y destreza para el salto sólo podía opacar una elefante marina a punto de parir. Esta situación puso a Pablo en un delicado equilibrio. Por un lado se garantizaba, de no haber cambios en el resultado, un arribo seguro a su casa, pero por otro debería soportar al dolape durante 550 kms. con los efectos que ni 5 litros de elixir de caléndula podrían mitigar. Partieron de inmediato y no sabemos cómo llegó Pablo luego del 4-0 final, pero pensamos que el viaje a San Pablo fue una excusa para huir del entorno.

Los que quedamos cenamos apaciblemente y nos fuimos a dormir preparándonos para el departure del día siguiente.

Tempranito a la mañana del Lunes y luego de desayunar partimos en caravana hacia Buenos Aires, auto lider adelante y escolta detrás. Dejamos a nuestras espaldas el mejor de los Lunes 12 de Noviembre de toda la historia del paraje y nos llevamos la tormenta colgada del auto de Uds. saben bien quien.

Los pasajeros del auto escolta, Gus, Gabriel y Cacho, sufrían las impericias del conductor, poco conocedor de las rutas por las que transitaba, quien con frenéticas aceleraciones y frenadas producía en su pasaje los mismos efectos que el cruce del estrecho de Magallanes en un día tormentoso (bueno, en ese auto todos los días son tormentosos). Por fortuna esta situación fue advertida por el coche líder, mereciendo Uds. saben bien quien, un llamado de atención en la primera parada efectuada, más allá de indicársele que su neumático trasero izquierdo estaba circulando con ½ libra menos de lo aconsejable para ese tipo de ruta y condiciones climáticas imperantes.

Y así fue como arribamos a nuestras moradas y colorín colorado este cuento ha terminado.

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